lunes, 10 de diciembre de 2018

Mis plantas


Inspirada en estas palabras de Hebe Uhart, escribo mi propio texto
para acompañar un rato ¨verde¨ de domingo
"Aquí estoy acomodando las plantas, para que no se estorben unas a otras, ni tengan partes muertas, ni hormigas. Me produce placer observar cómo crecen con tan poco; son sensatas y se acomodan a sus recipientes; si estos son chicos, se achican, si tienen espacio, crecen más. Son diferentes de las personas: algunas personas, con una base mezquina, adquieren unas frondosidades que impiden percibir su real tamaño; otras, de gran corazón y capacidad, quedan aplastadas y confundidas por el peso de la vida. En eso pienso cuando riego y trasplanto y en las distintas formas de ser de las plantas: tengo una que es resistente al sol, dura, como del desierto, que tomó para sí sólo el verde necesario para sobrevivir; después una hiedra grande, bonita, intrascendente, que no tiene la menor pretensión de originalidad porque se parece a cualquier hiedra que se puede comprar en todos lados, con su verde tornasolado. Pero tengo otra hiedra, de color verde uniforme, que se volvió chica; ella parece decir; ‘Los tornasoles no son para mí’; ella responde creciendo muy lentamente, umbría y segura en su cautela. Es la planta que más quiero; de vez en cuando la guío, yo comprendo para dónde quiere ir y ella entiende para dónde yo la quiero guiar."
Hebe Uhart



Aquí estoy, acomodando las plantas, que quedaron un poco abandonadas durante la semana, corridas a un costado, mientras arreglábamos el piso. Se llenaron de polvillo, extrañaron el agua y la tierra de sus macetas tomó un aspecto de vejez y sequedad prematura.
Me produce placer volver a dedicarles tiempo. Encontrarles un nuevo lugar para vivir a las que en el traslado sufrieron la rotura de sus recipientes. Descubrir que varias fueron madres, hacer lugar en recipientes nuevos para los hijitos, para que puedan seguir su viaje.
Mis plantas son como las personas, pienso. Crecen, a pesar de las inclemencias y los descuidos involuntarios y temporarios. Piden espacio, buscan la luz, estiran sus brazos, a veces, hasta se deforman un poco con tal de recibir un poquito de esa tibieza que tanto necesitan...
Algunas, con fuerza de nacimiento, le dan la bienvenida a una vida nueva, separada de su tallo de origen, otras, parecen necesitar imperiosamente esa independencia, pero después, por alguna razón misteriosa, tardan mucho en afirmarse en la vida propia...
O quizás es lo que se tarda en crecer.
Mientras las riego y las trasplanto pienso....
En realidad, no pienso demasiado. 
Creo que eso es parte del disfrute y el descanso que experimento mientras lo hago. 
Voy creando con mis manos manchadas de barro, y junto con ellas, un jardín en miniatura, un jardin de macetas, tazas, latas, frasquitos. Un jardín en el piso de ladrillo, que continua en el banco de madera y en cada rincón disponible. Vida verde, pequeñas obras de arte en distintos rincones de mi casa. 
Suculentas que se reproducen como arbolitos minúsculos, suculentas de hojas carnosas que caen como pequeñisimas cataratas, lirios fieles y resistentes a todo y a todos, el geranio que cada tanto regala brillantes y preciosas flores coloradas, hojas de suculenta que se desprendieron de su tallo madre y al caer quedaron apoyadas en la tierra, y con el paso de los días, y la ausencia de interferencias, echaron raíces imperceptibles.
Hojas que no se dan por vencidas, que transforman una caída, en incipiente, nueva vida.


lunes, 26 de noviembre de 2018

Ya no voy a ocuparme



Hoy la práctica la inspira 
Hugo Padeletti y su poema

Ya no voy a ocuparme

de la flor del ciruelo
de la lluvia que cae en el jardín
de las hojas de jade que palpitan
en el agua de jade
Me quedo con la impávida ventura
de la taza de té,
con la fresca humedad 
de la camelia dibujada.

Ayer es un ciruelo lancinante,
una lluvia que cala el corazón, 
un deslumbramiento de jade
que fluye, irreparable, 
por el río de jade

Me vuelvo hacia las formas impasibles
de las flores antiguas del papel,
al amor temperado del laúd,
a la rama de incienso de los clásicos

Ya no voy a ocuparme
de ordenar los cuartos
ahora semi vacíos, de gente
Solo entornaré las puertas 
y las cosas esperarán,
tal como allí quedaron,
el regreso temporario de sus dueños.
Ya no voy a ocuparme de pensar menús
ni de hacer compras abundantes
Cierta frugalidad de dos
se irá instalando de a poco 
en la heladera y la alacena.
Ya no me me ocuparé
de estar en los ambientes en los que se mueven,
solo los acompañaré en ocasiones especiales,
cuando me inviten.
Ya no pondré el lavarropas dos veces por día
Con dos veces por semana alcanzará,
y a veces, hasta será de sobra
Ya no escucharé cada tarde la guitarra y el canto,
ya serán muy cada tanto las ¨batucadas¨
con los amigos y el cajón peruano.
Me quedo con los recuerdos
y con cada breve y fugaz
oportunidad de encontrarlos, 
me vuelvo hacia otras formas
de compartir y acompañarlos :
el teléfono, pensarlos,
y cuando vienen, tratar de no ahuyentarlos
con cosas de madre demasiado curiosa
o viejita cascarrabias.
Me vuelvo, para imaginar sus futuros,
sus lugares, sus ciudades.
Me vuelvo para situarlos mentalmente
en esos mundos lejanos
que ya están explorando.
Me vuelvo hacia adentro,
buscando el reservorio de confianza
que me haga saber que estarán bien,
que tienen con qué,
que lo que sea en sus vidas
será perfecto tal como es.
Me vuelvo hacia esa sabiduría 
que cada tanto necesito recordar:
No hay nada, o casi nada
que pueda ( ni deba) controlar.
Me vuelvo y trato de quedarme 
con las palabras sabias de mi hijo
que no hace tanto me dijo:
¨mamá, ya está: 
preocupate menos por nosotros
y disfrutanos un poco más¨

domingo, 25 de noviembre de 2018

La maravilla del Si


Inspirada en el poema Si, de M. E. Sierra Victorica
recorro mi semana y escribo mi versión.

Vi la Maravilla del Si
la luz del férvido rubí
el aire del hondo jazmín, 
la savia, el dulce balancín
los verdes muerden el añil,
un mirlo dice que es feliz
llega una nube del confín
todo es perfecto, y está aquí:
el vértigo del colibrí,
el botón en el abrir
y la ronda en el jardín.
Vi, la maravilla del si.

Vi, la maravilla del Si
y en cuanto ví, pude descansar.
Vi que todo es perfecto
y que está justamente aquí: 
El jacarandá en flor en mi jardín.


El mate, la perra, 
la pared salpicada 
con restos de pintura colorada,
manchas que no salen, 
este silencio para escribir...


El sol, la acacia 
con sus infinitos pompones rosados,
el domingo, otra vez aquí.


Resonancias de una charla profunda, 
pausada, y tan linda con un hijo
en la penumbra de un viernes 
que se acercaba a su fin:
cercanía, encuentro,
orgullo y admiración por su valentía, 
su sensibilidad, su conciencia,
gratitud inconmensurable por coincidir.

El recuerdo de un encuentro anoche 
con amigas queridas,
y también de conocer gente nueva
y conectar profundo.
Sonreir.
La maravilla del encuentro
de la apertura a lo nuevo,
del no quedarme atascada 
en la sensación de ¨pereza¨ o ¨peligro¨.
la maravilla del amor posible.
Está aquí.

Los ecos de una semana de Mapas
de encontrarme conmigo y con otros
y una vez más, amorosamente coincidir.
La sensación de qué distinto es
cuando el abrazo es ¨del lado izquierdo¨
sintiendo tu corazón cerca del mío.
Tanto aprendido,
mucho ¨esperado¨, 
y también ¨bellamente imprevisto¨,
la maravilla del coraje que nos hace abrirnos 
y nos premia con el tesoro 
de los encuentros profundos.
El eco de esa ronda grande
meciéndose en ese instante del tiempo,
los acordes todavía sonando en el cuerpo,
la maravilla y milagro, 
lo asombrosamente precioso de coincidir.
Animarme a zambullirme en lo que vislumbro
es bueno, y ¨power¨ para mi
Renunciar a otras cosas, elegir
y no arrepentirme ni un segundo
de haber pasado por ahí.
La maravilla del focusing, 
del acompañarnos así,
llegó a mi vida para quedarse. 
Está aquí.
La invitación renovada a pasar despacio.
Más despacio, si.
Porque hay aspectos ¨pequeños¨
que todavía están aquí, necesitados de mi.


Y está la posibilidad, real, actual, sentible
de estar presente para todos ellos,
ahí, aquí.

La maravilla de la Presencia
está aquí.
Es en mi.

La maravilla del SI.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Que se vayan

Hoy, inspiradas por un poema de Natalia Rozenblum,
escribimos nuestros textos de despedida del taller.
Quisimos pasar despiertas por lo que a cada una le traía el cierre de un ciclo.
Quisimos hacerlo escribiendo, compartiendo, escuchándo, emocionándonos, 
riendo, aplaudiéndo
como lo hicimos cada viernes.

Acá el poema de Natalia.
Abajo mi texto

Si te vas,
llevate tu ropa,
esos platos de tu abuela
de reborde dorado
-que no sirven ni para el microondas-
el parlante enorme
que ocupa un tercio de pared
-y nunca encendés-;
si te vas,
llevate tus mañas de obsesivo,
tu orden superficial
-tu ficción-
el olor que arrastrás
al moverte, ese libro dedicado
por tu ex
-que encontré y nunca te dije-;
si te vas,
llevate el sillón,
aunque me guste
aunque esté hundido en la mitad
como dos pendientes
-igual que nosotros-
el destornillador de los domingos
el martillo de los domingos
el taladro de los domingos
y mis ganas
de que no te vayas.

Si se acaba el taller, que sea festejando.
si llegó el final, quiero atravesarlo despierta.
Ya no más cargar alfombras, sillitas, y bolsos cual equeco.
Ya no pensar en qué llevar para comer
sabiendo que igual no hará falta, mientras esté Patri.
Si llega el final que podamos pasar agradeciendo.
Que podamos hacerlo despacio, 
que no me olvide nada de lo que tenía pensado.
Que haya tiempo para mirarnos, tocarnos y darnos regalos.
Que podamos reconocer los tantos regalos.
Si se acaba, que se acabe hoy, pero que no sea para siempre.
Que el año que viene haya piso de madera y renovado entusiasmo.
Si se acaba, que sea una fiesta, no de las que tanto se ven ahora,
puro alcohol y desconecte.
Que sea una fiesta de la presencia, una fiesta del don, 
de la transformación y la trascendencia.
Que se vayan los dias compartidos
(porque la realidad es que muchos ya se fueron, 
como todo lo que pasa y no vuelve: se va aunque nos resistamos)
pero que no se vayan mis ganas de que no se vayan,
y sean motor para seguir creando, abriendo, invitando.
Si se van, los despido con los ojos bien abiertos,
recordando que estos viernes son un poco mi templo.
Un santuario de amor dado y recibido
Un tejido que se teje año a año
y que cada vez es más sólido y rico.
Si se van estos viernes será con la alegria 
de lo compartido y transitado juntas
y dejarán por unos meses un agujero
en mi vida.
Si se van, que pueda despedirlos 
con los ojos bien abiertos,
valorando inmensamente 
y honrando en su divina humanidad
a tantas gloriosas mujeres
Que se vayan si, pero no sin un abrazo,
no sin un ¨te honro¨, un ¨te agradezco¨.
Que este irse sea modelo posible para otras despedidas:
que podamos atravesarlas con conciencia, en presencia
aprendiendo de la experiencia.
Que se vayan estos viernes de taller
y por favor,  ojalá, vuelvan...

martes, 9 de octubre de 2018

Crecer, ejercicio de taller

Nada tiene que ver el amor con el amor.
Nada tiene que ver el amor con las palabras que engendra.
Verónica Jimenez


Nada tiene que ver crecer con saberlo todo
Nada tiene que ver crecer con ¨tenerla atada¨
Nada con la soberbia, la sensación de ¨ya llegué¨, la ominpotencia.
Nada tiene que ver crecer
con saber perfectamente el camino y no equivocarme.
Nada tiene que ver con no tener más miedos,
ni con poder decirle al resto: solo se va por acá.

Crecer tiene que ver con ablandarme, suavizar mis bordes.
Dejar que la vida con sus caricias y sacudones,
me de año a año, un nuevo baño de humildad.
Humildad que no es lo mismo que impotencia,
humildad, que como aprendí algún día, 
significa Verdad.

Crecer tiene que ver con saber que no se,
y aún así, o justamente por eso, necesitar confiar.

Crecer tiene que ver con aceptarme y aceptar
aunque no todo me guste, aunque no todo salga acorde al plan.

Crecer es dejar de tener un plan y simplemente animarme a caminar.
Un paso a la vez, oliendo las flores, sintiendo el vientito en la piel,
abierta a lo que puede venir, abierta a lo que de todas maneras vendrá.

Crecer es animarme a no tener ni la más pálida idea de lo que vendrá
y así todo sentir que la vida se puede disfrutar.

Crecer es tener tiempo libre sin culpa de tenerlo.

Crecer es acercarme a mi misma, y acercarme a los demás.

Es animarme a amar sin tanta defensa, a mirar, a tocar.
 A ofrecer lo mucho o poco que tengo para dar.

Crecer es animarme a sentir y a decir lo que siento tratando de no lastimar.

Es tener algunos miedos todavía, pero no vivir ya tan esclavizada por ellos.

Crecer es que me duelan un poco las articulaciones, los huesos.
Es darme cuenta nítidamente de que ni el cuerpo ni la vida son eternos.

Es darme tiempo para procesar las despedidas, los cambios.
Es bancarme bien la nueva soledad.
Es tener una vida rica por dentro y por fuera.
E ideas que siempre son motor para caminar.

Crecer no es tanto tener certezas inamovibles
sino abismos misteriosos e incomprensibles.

Es querer seguir viviendo, sentir que vale la pena.
Aunque no todo se pueda planear, aunque el misterio.

Crecer es, en fin, entre otras tantas cosas, 
ser cada vez más blandita, más verdadera,
menos dogmática, menos prejuiciosa,
más espaciosa, más amorosa, más humilde,
más cercana, más conectada, más libre.

En eso estoy. Creciendo.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Lo que me salva de la velocidad

¨Escribir me salva de la velocidad¨
L. Gabilondo



Me salva de la velocidad escribir temprano y también
en cualquier otro momento del día
en el que el mundo empieza a girar raudo y amenazo perderme. 
Me salva sacar fotos, leer, anotar pedacitos de lo que leo
en los márgenes y en mi cuaderno.
Me salva de la velocidad sentir los pies en el piso cuando me levanto de la cama,
los pies descalzos en el ladrillo frío y en el pasto
cuando salgo a buscar el diario a la mañana.
Me salva de la velocidad colgar la ropa.
Sentir el sol en la cara, el vientito cuando sopla suave, la humedad
La vida de sus dueños por un ratito en mis manos, bajo mi cuidado. 
Me salva de la velocidad descolgarla cuando ya está seca. Doblarla. 
Hacerlo despacio para que no se me caiga
y se vuelva a ensuciar antes de que puedan volver a usarla
Me salva de la velocidad cortar las verduras, 
elegir alguna sal loca llena de especias, para la carne,
el arroz, el pescado, la ensalada.
Me salva de la velocidad darme una ducha caliente
cuando la soledad se siente pesada,
o cuando llego al final del día cansada.
Me salva de la velocidad escribir una carta,
dejar que las palabras vayan viniendo. 
Leer poesías, tirarme al suelo a estirar mis piernas doloridas.
De la velocidad me salva el mate, claro,
y salir a buscar camelias mientras todavía hay,
y sentir gratitud hacia hacia esa planta noble, su generosidad, su abundancia. 
Me salva de la velocidad permitirme cada tanto
quedarme tildada mirando por la ventana.
Me salva la música, que a veces me calma, o me invita a bailar,
a hacerme tiempo también para eso, en la era del ¨estoy a mil¨,
en la era del ¨no hay tiempo para nada¨. 
Me salva de la velocidad que haya muerto mi madre,
y recordar, cada vez que la recuerdo ( que es cada día), 
que la vida se acaba, y que quiero pasar despacio y saborearla.

sábado, 25 de agosto de 2018

Muero lentamente.

 Escribo para pasar primero yo, por donde después voy a invitar a pasar


Muero lentamente....si solo me acuerdo de lo triste
Si no noto que en medio de todo eso, también hay días de sol
Muero si dejo de leer,
si dejo de escuchar esas entrevistas que me hacen tan bien.
Si no me hago el tiempo para probar lo que desde hace tiempo tengo pendiente.
Si no me animo a hacer más de aquello que me encanta y me sale bien. 
Muero lentamente si no camino,
si no hago cada tanto mi rutina de yoga, 
si dejo que mi cuerpo se endurezca y se duela de principio a fin.
Muero lentamente si olvido que todavía soy joven
si me quedo demasiado quieta
si me aletargo por demasiado tiempo
Si no me decido a sacar del placard la ropa que ya no uso,
si no canto, si no bailo.
si no escribo, si no comparto
si no activo, si no me animo.
Muero lentamente si no escucho música, si no leo poesía.
Si no tomo mis mates en la cama a la mañana, mirando por mi ventana.
Si no fantaseo aventuras, y no intento concretar algunas.
Si no miro, si no veo.

Si no me entrego con alma y cuerpo a este tiempo nuevo.

Si solo digo ¨cuidado¨ o ¨cuidate¨, y me olvido de decir:
hacé algo por el otro, divertite, crecé...
Muero lentamente si no salgo seguido al jardín.
Si dejo de ir a la montaña.
Si dejo que la preocupación me colonice y me quite liviandad.
Muero lentamente si no aprovecho los dias
para ver a la gente querida.
Si no salgo al sol.
Si no aprecio mi vida.
Si no permanezco abierta a los cambios
a las sorpresas, a lo imprevisto, a lo incierto
Muero lentamente si no doy un poco más, 
si no ofrezco pequeños gestos de cuidado y amabilidad
Si uso ropa apretada
si no me pongo perfume
Si compro certezas ajenas
Si no hago lugar a lo distinto

Muero lentamente 
si no me doy cuenta que el sauce, 
(Si, el de mi ventana, el que cada otoño parece morir)
otra vez, una vez más,
está volviendo a brotar


viernes, 3 de agosto de 2018

Credo otoñal



Creo en el sauce de mi ventana
que año tras año pierde todas sus hojas
durante unas cuantas semanas en otoño
(y barremos la galería
y limpiamos las canaletas
y parece que nunca se acaban
hasta que en algún momento se acaban, 
y es agosto, como ahora
y está totalmente pelado
y desde mi cama veo cada mañana
su esqueleto de ramas gordotas
e infinitas finitas ramas)



Creo en su capacidad de perder
por completo su follaje y su verdor primaveral
y creo en su capacidad de volver a brotar
una y otra vez, una vez más...
Creo en nosotros dos, 
en Juampi y en mi
en nuestra fuerza interior
para cambiar el ropaje, crecer, mutar.
Creo que le vamos a poder dar a la vida una vuelta más
creo que vamos a poder aprovechar la oportunidad que nos da
de volver a brotar
Creo que podemos seguir divirtiéndonos juntos
creo que nos podemos acompañar
creo en la íntima historia compartida
y en que eso será parte, no lo único pero si parte,
de lo que nos sostendrá.
Creo en nuestra capacidad de seguir buscando
de no quedarnos quietos, de seguir intentando,
de siempre encontrar.
Creo en el inmenso amor que nos une
y que no es fácil de explicar
Creo en las ganas que los dos tenemos de cuidar
poderosa, genuina, vital
Creo en las bondades de terminar la vida juntos
en completar el ciclo 
de lo que allá lejos y hace tanto tiempo
nos animamos a empezar
Creo en buscarle la vuelta y en no dejarnos amedrentar
por el miedo a dejar muchas cosas sin probar
Creo que no se puede todo
y tambien creo que en el ámbito del ¨nosotros¨
todavía hay mucho por explorar, compartir, disfrutar
Creo en hacernos preguntas,
perder las hojas, quedar desnudos,
volver a empezar.
Creo en gracias a esta nueva desnudez
como a través de las ramas peladas del sauce,
poder ver más allá:


más allá de estos años que se están por terminar
más allá de la crianza
más allá del paternar
más allá del cuerpo jóven
más allá del ¨ma¨, y del ¨pa¨
más allá de la verguenza, las culpas
el ¨qué dirán¨
Más allá del ¨nos equivocamos¨
más allá del ¨esto lo hicimos mal¨
Más allá del despertador al alba
más allá del: ¨mamá, no hay leche, tampoco hay pan¨
Creo en poder ver que
más allá de todos estos años que pasaron
y están empezando a quedar atrás,
estamos todavía nosotros, 
los de siempre, los siempre nuevos,
volviéndonos, una y otra vez, a encontrar



¨Above Earth´s lamentations, 
I hear the sweet though far off hymn 
that hails a new creation¨

¨Por encima de las lamentaciones de la tierra, 
escucho el dulce aunque lejano himno
que le da la bienvenida a una nueva creación¨


K. D. Moore


lunes, 30 de julio de 2018

Mucho más que agua

¨You don´t cross a river to a new place when you die, 
my father told us. You become the river¨

Al morir, no cruzás el río hacia otro lugar, nos dijo mi padre. 
Te transformás en el río¨

K. D. Moore
Wild Comfort, The solace of Nature


Será por eso, que fuí una y otra vez al río
me acomodé entre las piedras 
y los manchones de hielo
que de a poco se iban derritiendo...
 Fui a estar por ratos con ella,
a hacerle saber que la recuerdo siempre.
Lloré mis orfandades
sostenida en los brazos
de mi madre arrullo de río
mi madre tierra y montañas
mi madre lago turquesa
mi madre calor de rayo de sol.











martes, 19 de junio de 2018

Yo no creo en el misterio de la vida

Sigo procesando lo que viví en estos últimos días en los que se debatió
y siguió debatiendo ( al menos en mi familia),
el tema de la despenalización del aborto. 
Lo hago porque es un tema que me importa, y mi manera de aportar es ésta.
Trato de hacerlo desde cierta coherencia entre contenido y modo
para no borrar lo que escribo a mano, con el codo.


En medio de varias conversaciones e intercambios con gente querida
acerca de este tema,
en algún momento alguien me dijo algo asi :

¨está muy bien, vos podés creer en el misterio de la vida,
y está bien que los que lo ven de otra manera puedan decidir qué hacer¨

Cuando escuché ¨vos podés creer en el misterio de la vida¨,
algo en mi sintió un desajuste, pero en el momento no supe ni pude descubrir
ni articular de qué se trataba esa sensación. 
En los días que siguieron, dejé que eso en mi se fuera clarificando
y hoy puedo escribirlo así.

Descubrí que el desajuste que sentí
tenía que ver con que yo NO CREO en el misterio de la vida.

Si, como leés. 

YO NO CREO EN El MISTERIO DE LA VIDA.


Yo TENGO LA EXPERIENCIA del misterio de la vida.

Y esto puede parecer una simple diferencia semántica pero profundamente no lo es. 
Y de esa diferencia se desprenden algunas cuestiones importantes,
al menos para mi.

Una creencia es una manera de conocer que nos sirve un tiempo, o mucho tiempo, o tal vez toda la vida, pero es cuestionable, desarticulable,
o como está tan de moda decir: de-construible.

Una experiencia es otro tipo de conocimiento.
Es una percepción comprendida
Es fresca. Es a cada momento.
Tiene una fuerza que se instala como evidencia
para la persona que (valga la redundancia), la experimenta.

En ese sentido entonces, experimento la vida,
como algo que me excede,
que no controlo al cien por cien, que tiene aristas o matices
que muchas veces no elegiría pero me tocan. 

Mi experiencia tiene la cualidad de una sensación profundamente sentida,
única, mía, y en un todo inexplicable en lenguaje de palabras. 

Es una experiencia que yace en un lugar que las palabras y el análisis no alcanzan
y tal vez nunca alcanzarán a tocar de lleno. 

No es una creencia
( paradigma basado en la fe y asociado a una doctrina, religión o dogma)
No es algo que aprendí en libros, tampoco en una Iglesia,
o en una clase de catequesis.
No es un paquete que compré cerrado y me tragué sin abrir.

Experimento de primera mano la vida como algo inmenso, misterioso,
inabarcable con el solo conocimiento de mi razón. 
Realmente, no llego gente, con mi limitada mente
a comprender las dimensiones, los alcances, la profundidad, en fin, tanto...

Alguien si?

Esa experiencia es acompañada por algunas cuestiones
que me saltan a la vista con bastante evidencia:
La vida me fué entregada en algún momento del tiempo
( no elegí cuando ni cómo venir a la vida)
y no me es dado saber de antemano hasta cuando durará entre mis manos. 
Hay algunas cosas que puedo hacer para mantenerla en mejor estado,
para alargarla tal vez un poco, pero nada es garantía ni total salvaguarda.
Sencilla y evidentemente, no está completamente en mis manos.
La vida no me va a pedir permiso para partir de mí
y no hay ley de ningún congreso que pueda garantizarmela para siempre.

En fin, lo se,
mi experiencia sentida y pensada me lo grita,
 no soy la dueña.

Con el paso de los años cada vez más me doy cuenta que casi nada puedo saber
con absoluta certeza acerca de algo tan inmenso y tan misterioso.
 Por eso me es difícil pensar que sobre todos sus
aspectos puedo pretender decidir. 
Voy tanteando en la oscuridad, y ante tantos temas grosos que NO SE, 
de mínima intento pisar con cuidado, porque quién sabe, 
bajo mis pies haya algún brote, que no alcanzo a ver o a dimensionar, 
y si no estoy segura, no quisiera llevarme algo valioso por delante.

Experimentar la vida de esta manera me ha hecho más humilde,
menos soberbia, y aunque todavía muchas veces lucho y me peleo con lo que es,
en mucho he aprendido a asentir, no como una cuestión de resignación, sumisión
o conformismo sino como una esencial aceptación de lo que me excede.

Por todo esto,
ante un tema tan delicado como es el del comienzo de la vida
creo hubiera ido con más cuidado.
Porque no se trata de que algunos ganen y otros perdamos
se trata de la vida, el gran misterio
y de cómo vamos a convivir en ella como familia humana.
Creo que perdemos todos si por pasar
con demasiada furia o con certeza infundada,
nos llevamos puestos sus más preciados brotes.

Por eso,
a las puertas del gran misterio que es para mi la vida
cuando me despierto cada día, 
pido seguir aprendiendo y creciendo
en la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, 
en el valor para cambiar las cosas que puedo,
y en la sabiduría para reconocer la diferencia.

Sobre todo, en la sabiduría para reconocer la diferencia.