sábado, 30 de julio de 2016

Se, cuando te toque, una digna sombra

¨Ningún oficio creativo es endogámico¨ Leila Guerriero

Acabo de terminar de leer Zona de obras, de Leila Guerriero, y cómo tantas otras veces, aunque es un libro que habla sobre un mundo que no conozco y no frecuento demasiado, en este caso la crónica periodística, me trajo paralelismos con mis mundos, los que conozco y frecuento, generando en mi, una vez más, esta sensación de cercanía, y de nuevo, la constatación de que no somos tan distintos los humanos como a a veces nos gusta o necesitamos creer.

Me encontré en muchos de sus párrafos ( en mi rol de aprendiz, y también en el de maestra) , en otros encontré a una Flor que ya fué, o una Flor que me gustaría ser. En otros encontré a jefes y maestros que dejaron en mi camino sus huellas, y en algunos me advertí:  ¨ojo, que acá también te podrías encontrar y no estaría tan bueno¨.

Hoy traigo para compartir un pedacito del capítulo de los editores, donde Leila imagina una incompleta clasificación:

¨El editor épico: que le pide al periodista: Quiero que vayas y me cuentes una historia sobre la miseria humana, sobre la lucha del hombre contra la máquina, sobre la búsqueda de la purificación..., pero es una nota sobre una fábrica de lavarropas..., No importa, igual...
El editor que no sabe lo que quiere: Lo veo como una gran historia sobre San Pablo, un espagueti western en portugués. Pero también podría ser la pequeña historia de una sola persona. ¿Y si lo hacés de todo Brasil?...
El editor que habría querido escribir el artículo: Acá poné una metáfora. Lo que dice este personaje, intercalalo con una descripción del ambiente. Sacá las esdrújulas, y las frases, que no sean tan cortas...
El editor que más que encargar una nota encarga una teoría:  ¿El hastío vital no?, la fatiga, la frustración, el conflicto que subyace entre hombres y mujeres... ¿Eh?
El editor que quiere que el periodista fracase: Antes de empezar, leé lo que escribió Tom Wolf sobre eso. Nadie jamás va a poder escribir algo parecido, pero bueno, hacé lo que puedas...
El editor que escribió hace años sobre el tema, y cree que el mundo no se ha movido desde entonces: ¿Por qué no hablaste con fulano? ¿Ah se murió? ¿y Zutano? ¿ se mudó a Suecia? Entonces, tendrías que ir a verlo a Mengano. ¿Preso? No te puedo creer...
El editor exagerado: ¿esta información está chequeada? Acá, donde dice En el botánico hay cientos de gatos. ¿Estamos seguros de que son cientos y no miles?
El bipolar: Hola, si, soy yo, te llamaba porque ya no me parece tan interesante el tema que me propusiste. Si, ya se que te dije que si, muy entusiasmado, pero ahora...¿cómo que ya empezaste? ¿cuándo, hace dos meses? ¿ hace tanto tiempo que no hablamos?
El dubitativo: Me gustó tu nota, pero tiene un problema..., no se. ¿No se entiende, no está bien escrita, no tiene información? No, de hecho es clara, está bien escrita, bien investigada, pero es como si no fuera lo que yo esperaba. O a lo mejor el problema es que es exactamente lo que yo esperaba, ¿ Será eso? ¿ vos qué decís?
Y están también los grande editores. Los que no hacen ninguna de todas esas cosas. Los que te piden lo imposible porque saben que volverás con algo mejor de lo que imaginaron, y esa idea los llena de entusiasmo y de gozo. Los que te enseñan a arrojarte una y otra vez, jadeando como un sabueso, tras los pasos del texto perfecto, aunque sepan, porque ya estuvieron allí y volvieron para no contarlo, que ese es un grial que siempre quedará más lejos. Te hacen sentir menos solo, pero infinitamente más aterrado, porque descubrís, con ellos, que hay muchas maneras de no hacerlo bien, y que hacerlo bien es tan dificil...
Son generosos, porque ya hicieron lo suyo ( y no necesitan demostrarle nada a nadie), y nobles, porque quieren que brilles, quieren que te vaya bien. Sus palabras operan en vos como una epifanía, y por eso son cuidadosos con lo que te dicen, y no trafican comentarios ofensivos disfrazados de comentarios ingeniosos, y esperan que tomes riesgos, que intentes rechinantes piruetas en el aire, mientras ellos, llenos de orgullo, te miran danzar en el círculo de fuego.
Y un día, y esa es su mejor marca, desaparecen. Y si hicieron bien su trabajo, pasarán los años y llegarás a creer que hiciste todo solo. Olvidarás sus nombres, y olvidarás también lo que te hicieron: lo que te ayudaron a hacer. Serán una digna sombra, y su cualidad número uno habrá sido la capacidad de quedarse inmensamente callados.¨

Después de leer esta clasificación tentativa, me quedo pensando qué tipo de ¨editora¨ vengo siendo, y cuánto me gustaría entrar dentro de la categoría de los que ella llama los ¨grandes¨.
Se que para eso hay que haber podido deshojar capas y capas de ego, y que eso es un gran desafío, y llegando a las últimas, un gran vértigo.
Reconozco que de eso de ¨desaparecer¨, estoy teniendo ya algunos atisbos y debo confesar que no es trago liviano. Pero este capítulo me confirma, una vez más, que aunque sea difícil, ese es el camino.

¨Se, cuando te toque, una digna sombra¨
Leila Guerriero






viernes, 8 de julio de 2016

Bailongo


Este baile nunca lo ensayamos,
somos un lío, un desorden,
temblamos, transpiramos,
a veces, sin querer, nos pisamos.
Nos desafinamos,
nos perdemos del rtimo,
no nos sabemos las letras.
Esto es un baile real,
no estamos mitad vivas,
enterradas bajo el peso de una imagen
en la que de todas maneras
nunca creímos.
Preferimos este baile imperfecto
que nunca bailar. 
Jeff Foster


Hace tiempo tenía un sueño loco, algo simple, poco rebuscado.

A veces, por más simples que sean los sueños, y por más que parezcan fáciles de concretar, 
los vamos pateando para adelante, los vamos olvidando, los dejamos dormitar en la página amarillenta de algún cuaderno, perdidos entre otros sueños, las medias y los pijamas, en el fondo de un cajón.

Este sueño había quedado traspapelado, hasta que hace poquito, después de una charla, en una caminata con una amiga querida, re emergió con la fuerza de eso que no quiere esperar más,
de eso que está listo para probarse en la acción, listo para que lo ayudemos a encontrar las maneras, concretas, posibles, accesibles, reales, de suceder.

Fué entonces que el sueño de bailar e invitar a bailar, el jueves pasado se hizo realidad.
Y un grupo de 9 mujeres nos encontramos para habitar nuestros cuerpos, moverlos al son de los distintos ritmos y disfrutar de un rato compartido de música y baile.
Mujeres sin vergüenza, en plena aceptación de nuestro ser, nuestra limitación y nuestro extraordinario poder. Mujeres con ganas de hacer una pausa en la semana para compartir un rato de juego, movimiento y relajación. Mujeres abiertas a encontrarnos con eso que nos está esperando
cuando nos ponemos en movimiento, cuando nos escuchamos y nos damos lo que necesitamos. 

Y todo estuvo bien. 
El movimiento suave y el enérgico, el descanso.
La necesidad de alguna por momentos de seguir a alguien, y la posibilidad, al momento siguiente, de desplegar el movimiento personal, propio, único.

En ese salón, en ese rato, todo lo que somos fué bienvenido y celebrado

En la ronda final las palabras que circularon fueron: placer, vibración, juego, si!, vida, alegría, ir soltando, espontaneidad, libertad, descubrimiento, latido, darle la bienvenida a la sorpresa, y gratitud por la pausa y por el rato compartido.

Hoy celebro con alegría la llegada de este nuevo ¨bebé¨, de esta nueva creación.  Chiquita, polentosa, llena de vitalidad y alegría:


El bailongo da sus primeros pasos en la vida, y abre sus puertas los jueves para que los que estén en zona y tengan ganas de compartir un rato se puedan acercar.
La primera vez éramos todas mujeres, pero la invitación está abierta a hombres y mujeres, jóvenes, maduros y viejitos, a hacer un espacio en la semana y venir a bailar.

Los esperamos!





















miércoles, 29 de junio de 2016

Hoy

Yes, yes, I know. What happened before was not your fault. 
It was too soon. It was too late. 
It was too much. They didn´t ask. They didn´t tell. 
You didn´t know. It was unfair. It hurt. 
They lied. You cried. It was a mistake. It was a crime.

But that was then.

And Now is the only cure for then.

We have a saying in Zen: When an object can no longer offend,
it ceases to exist in the old way. 
There is no one left to take offense. There is only love. 
The love that never leaves.

Love is what we are, when we drop all the things that stand in the way.

So, forget the story, and do not replace it with another.
Forget what might have been and what might yet be.
The past is gone and the future will arrive on schedule.
Forget and you will know genuine gratitude.
Gratitude is the fruit of letting go.

Karen M. Miller



Hoy no perdono,
No es (y nunca fué), necesario.
No hay ofensa, 
ni alguien ofendido.
Hubo daños
y también, amor derramado,
el camino ( y el corazón), 
están liberados.

Hoy me abismo ante el misterio
de la vida, y mi imposibilidad de abarcarlo
y doy gracias
por el tiempo concedido
y por poder estar, 
gran regalo.

Hoy soy un poquito más
ese amor del que soy capaz,
ese don que me fue encomendado.

Y desde ese nuevo lugar
sigo caminando.

I can make my life whole, and only I can do it.
Karen M. Miller

lunes, 20 de junio de 2016

El tiempo y la luz


Down near the bottom
of the crossed-out list
of things you have to do today, 

between “green thread”
and “broccoli” you find
that you have penciled “sunlight.” 


Resting on the page, the word
is beautiful.  It touches you
as if you had a friend 


and sunlight were a present
he had sent you from some place distant
as this morning—to cheer you up 


and to remind you that,
among your duties, pleasure
is a thing
that also needs accomplishing.


Do you remember
that time and light are kinds 
of love,


and love is no less practical
than a coffee grinder 
or a safe spare tire?




Tomorrow you may be utterly
without a clue 

but today you get a telegram,
from the heart in exile
proclaiming that the kingdom 
still exists,


the king and queen alive,
still speaking to their children, 


 to any one among them
who can find the time
to sit out in the sun and listen.




~ Tony Hoagland
( en First Sip)











lunes, 6 de junio de 2016

Sombras nada más


The universe does not
revolve around you.
The stars and planets spinning
through the ballroom of space
dance with one another
quite outside of your small life.
You cannot hold gravity
or seasons; even air and water
inevitably evade your grasp.
Why not, then, let go?


Lynn Ungar





¿Por qué intentar frenar las estaciones,
atrapar el agua o el aire con mis manos temblorosas?
¿Por que no dejar que las cosas sean lo que son
y como son y ya?
Se me ocurren varias razones
por las que al menos a mi no me resulta tan fácil
cantar de lleno Let it be, o como está tan de moda ahora: soltar.
La más notoria es 
la falta de confianza
en la vida sabia
y sus caminos misteriosos.
También el miedo
a que si no hago mis maniobras,
frutos de mis afanes, 
las cosas no salgan bien.
Como si hubiera una sola
manera de que las cosas salieran bien,
como si pudiera hacer más de lo que hago,
como si mi hacer
fuera ciertamente necesario.
Y la ansiedad 
de ver ya los resultados 
y las respuestas que parece
que todavía no me pueden ser dadas.

Miro hoy todas esas ¨razones¨ 
de frente, a los ojos.
Las reconozco en mi
las dejo estar.
(Me amigo por un rato 
con no ser hoy la personificación
de la confianza iluminada)

Y me pregunto:

¿Qué creo que podría pasar si las cosas no salen
como imagino estaría ¨bien¨?
¿Qué horribles destinos creo me esperan y esperan a los que amo 
si no logro ¨torcer¨ (a la fuerza) los caminos que se despliegan
ante mis ojos? ¿Son de verdad tan horribles esos destinos?
Y aunque lo fueran...¿es verdad que es mi tarea torcer esos caminos?

y entonces a modo de respuestas
 busco, imploro,
como rastrearía con sed un oasis en el desierto,
pido e invoco que se haga presente en mi
ese lugar amoroso,
manantial de sabiduría
que hoy me evade,
desde el que poder 
en esta etapa,
dar un pasito más
en la tarea de
dejar que, 
a pesar del miedo,
la ansiedad
y la desconfianza,
la vida Sea.











jueves, 2 de junio de 2016

Un alto


La paciencia paga.
El trabajo de transitar
lo oscuro y lo luminoso
con los ojos abiertos
y el corazón dispuesto,
da sus frutos.
Quizás invisibles
para muchos,
esenciales y vitales
para mi.
Hoy puedo honrar
el camino recorrido,
el que me trajo hasta acá,
el que con sus vericuetos
elegidos y no tanto,
hoy me da identidad.
Una identidad cambiante,
paradoja si las hay, 
que me lanza
a seguir caminando,
sin saber qué vueltas inciertas
todavía quedan por dar,
qué sombras por afrontar,
qué luces por disfrutar.

Me detengo un segundo
para celebrar
haber llegado hasta acá.

y abro la puerta para salir a jugar...




domingo, 29 de mayo de 2016

Animarse

Mourir en souriant
Pedro Mairal
                              
“Puedo morir sonriendo»

(Fragmento del epitafio de Apollinaire)

Guillaume Apollinaire, hoy fui a tu tumba
con una chica hermosa, en Père-Lachaise.
No me animé a besarla, no sabía
si iba a decir que sí, que no; ¿cómo saberlo?
Y ahora miro mi ropa en una “laverie” de Saint Michel,
mis calzones de padre de familia
que giran en la máquina,
un euro diez minutos de secado,
y entonces me pregunto si tengo algún perdón,
porque quiero que ante mi tumba fría
las tímidas parejas se entrelacen,
no como yo, dudándolo, cobarde, ante la tuya.
Quiero que me perdones por no haber aprendido
nada de nada.
No sé si Jeanne quería,
pero yo ni siquiera lo sugerí,
y acaso ella esperaba,
de ese tipo argentino que hablaba mal francés,
algo más que su diálogo ocurrente.
Y entonces caminamos entre tumbas,
entre el otoño triste y alegre de los árboles,
eran más de las cinco, se abría el cielo,
no llovía en Paris,
y Jeanne y yo dijimos hasta luego,
doble beso en mejilla, y hacía frío.
Ella tenía que hacer no sé qué cosa,
yo bajé la escalera, tomé el Métro,
y nunca más la voy a poder ver
porque viajo mañana y ella viaja mañana
y acá la secadora se detuvo
en la noche automática, y yo pienso
muy poco convencido:
quizá mejor así, lavar mi ropa solo
y volver al hotel pensando en ella,
¿pero cómo saberlo, Guillaume Apollinaire?,
¿cómo saber, leyendo tu epitafio,
si uno puede morirse sonriendo
sin haberla besado a Jeanne, en Père-Lachaise?


No sabía si Jean quería, 
y él, ni siquiera lo sugirió.

El si quería, y no se animó.
Se quedó con la intriga, y con las ganas...

Qué penita.
ta bueno animarse,
eso...